Violencia y corrupción
Desgraciadamente son estos dos temas, corrupción y violencia, los más destacables de 2009 y los prioritarios del nuevo Gobierno que inicia el 27 de enero. Ni la separación del ex presidente Manuel Zelaya -menos su futuro- ni la clasificación al Mundial de Sudáfrica son tan importantes como para olvidarnos de la ingrata ola de delincuencia que hemos sido incapaces de frenar, ni de la galopante corrupción que se ha adueñado del país.
Esos, además de la urgente necesidad de equidad social y empleo, son los asuntos que deben concentrar la atención del presidente electo Porfirio Lobo, y no la “crisis política” que ahora solo existe en la diplomacia de algunos países que no reconocen la legalidad de la destitución de Zelaya.
Esos gobiernos se sentirán aliviados cuando el 28 de enero ya no le vean el rostro a Roberto Micheletti en la Casa Presidencial. Y si no mandan delegaciones a la toma de posesión, no hay porqué preocuparse. Esas ausencias darán pie para que la ceremonia sea sencilla, sin derroches apabullantes, discreta pero efectiva como deberá ser el nuevo gobierno para enfrentar la crisis financiera y social dejada por la pasada administración.
En materia de seguridad, por ejemplo, Lobo debe enfrentar las escalofriantes cifras de asesinatos porque el país, junto a Guatemala y El Salvador, es colocado en la zona más violenta del mundo. En estos tres países hay 190,000 guardias de seguridad privada y apenas 50,000 agentes de policía.
En Latinoamérica, sólo Honduras y El Salvador registran una tasa de homicidios tan alta como la de Venezuela, con aproximadamente 52 asesinatos por cada 100,000 habitantes. El crimen organizado es el responsable de al menos el 36 por ciento de estas muertes violentas en el país. Se trata de homicidios ejecutados por sicarios.
Y del tema de la corrupción, ni hablar. Ocupa el tercer lugar de preocupación entre los hondureños, detrás de la delincuencia y el desempleo, según el Informe Nacional de Transparencia del Consejo Nacional Anticorrupción, CNA.
El soborno a policías, el financiamiento de campañas políticas y el desvío de fondos de proyectos del Estado son percibidos como los tres medios de corrupción más comunes.
Les siguen el soborno para obtener contratos del Estado, empleo a activistas políticos, soborno a jueces, evasión de impuestos, venta subvalorada de propiedades públicas, el pago a intermediarios ilegales para obtener documentos, el robo de expedientes en los tribunales y el empleo de familiares, de acuerdo a este informe.
Con estos temas por delante, para qué distraerse en lo que ya es historia.

Aunque se desconocen los detalles, está claro que la intervención de Estados Unidos logró
Los candidatos de los partidos que hasta ahora han sido mayoritarios, el Liberal y el Nacional, han encontrado nichos opuestos para sus campañas en medio de esta crisis que tiene al país al borde del colapso social y económico.
“Esto está terrible, te estoy hablando desde debajo del aparato de aire acondicionado, es la única forma que tengo de respirar. Aquí hay gente sangrando por la nariz, orinando y vomitando sangre. Los militares están lanzando gases tóxicos al interior de la embajada. ¿No es un crimen lo que nos están haciendo…?”. Así arranca una
“Cualquier juicio, yo me someto a él y me defiendo porque tengo mis manos limpias y mi frente en alto. Si no fuera así no hubiera regresado…”
En estos días es imposible no enfrentar la polémica sobre la sobredosis mediática que corre parejo al conflicto político. Quienes critican las posiciones de diarios y noticieros de radio y televisión que no comulgan con sus ideas dicen que la objetividad y ética están enterradas, que esos principios universales del periodismo han pasado a ser un mito. Nos acusan de servir a la oligarquía y hacen creer que a ella pertenecemos.
Para quienes queremos ver un cambio fundamental en el país, este es sin duda el mejor momento. Los últimos acontecimientos políticos registrados en Honduras han dejado en claro la urgencia de una nueva sociedad que no se base en los intereses de grupos sino en las necesidades de la mayoría. Nunca como ahora hemos oído tantas voces haciendo reclamos, ni hemos sentido tanto temor de ver a una sociedad confrontada. Hoy es el mejor momento para reflexionar, debatir, discutir y hasta, por qué no, organizarse para hacerle frente al reto de levantar al país.
Dejó México “medio con la cola entre las patas” cita una columna del diario 
