Una mayoría abrumadora de los comentarios que han llegado a la Redacción de LA PRENSA, especialmente a través de la Web, coincide en mostrar su profunda decepción por la actuación de los diputados en el Congreso Nacional con la reciente aprobación de la ALBA. Decepción con los que votaron a favor, porque la mayoría no lo hizo por convicción, con los que se lavaron las manos y no se aparecieron y con los que cómodamente se fueron por la vía de la abstención. Al final ha quedado claro que en el Legislativo no hay una representación digna del pueblo sencillamente porque no hubo voces en contra de la alianza con Venezuela, lo que es extraño teniendo una sociedad totalmente dividida por este tema de acuerdo a todas las encuestas, chicas y grandes, que se han venido haciendo.

Los diputados volvieron a dar un espectáculo degradante, nuevamente colocaron sus intereses por delante de los intereses del país, no quisieron arriesgar ni votos ni subsidios, ni siquiera se atrevieron a debatir el tema porque ya estaba concertado.

No nos sorprende esa actuación porque el Legislativo siempre se ha llenado de aprovechados. Lo que nos tiene abrumados es que esta vez no sólo se trata de otro proyecto corrupto que va a llevar millones a varios bolsillos, sino que es una decisión que nos afectará a todos y que nos va a robar la paz.

Y aquí no se trata de que quienes están en contra de la ALBA es por temor a ver qué hace o no hace Estados Unidos. Está clarísimo que EUA ahora mismo tiene otros intereses de frente, no le importa qué pasa con Honduras. Pero eso no justifica que nos tiremos al infierno de vivir sin libertades, bajo el dominio de un dictador loco, condenando a las nuevas generaciones a un destino incierto. No soy pro yankie, no tengo ningún negocio que pueda afectarse y tampoco recibo remesas. Soy simplemente una hondureña que ve sumamente preocupada como unos cuantos se han dado a la tarea de hundir al país.